La idea de que los jóvenes judíos de Estados Unidos simplemente se están “desconectando” de la vida judía aparece mucho más matizada en Project Prism, un estudio nacional publicado en agosto de 2026. Basado en 2.071 adultos judíos de entre 22 y 40 años encuestados mediante el panel probabilístico AmeriSpeak de NORC, el estudio encontró que el 75% participa regularmente en al menos una actividad judía.
Sin embargo, el 45% participa regularmente solo en espacios informales, como el hogar o encuentros con familiares y amigos. Otro 30% lo hace formalmente a través de instituciones u organizaciones. En el estudio, “regularmente” puede significar al menos una vez cada pocos meses, por lo que no equivale a participación semanal.
La conclusión de fondo es que la afiliación a una sinagoga o a una organización ya no describe por sí sola toda la vida judía de los adultos jóvenes.
Familia y amigos son fuentes centrales de conexión judía
El 55% dijo sentir con mayor frecuencia la conexión judía a través de la familia y el 44% a través de amigos judíos. En comparación, el 19% mencionó organizaciones o grupos comunitarios judíos y el 13% experiencias relacionadas con Israel.
El 70% señaló que una celebración o tradición recurrente había influido especialmente en su identidad judía, el 60% mencionó algún tipo de educación judía y el 49% un acontecimiento del ciclo de vida judío.
Participación y retirada pueden coexistir
Un 39% combinado dijo haberse vuelto menos participativo, más selectivo con los espacios judíos o totalmente desconectado de algunos de ellos debido a acontecimientos recientes que afectaron a los judíos.
Eso no debe resumirse como “el 39% abandonó la vida judía”. La categoría reúne respuestas diferentes, desde elegir con más cuidado hasta retirarse por completo de determinados entornos.
El trabajo de campo se realizó entre diciembre de 2025 y abril de 2026, después de años marcados para los judíos estadounidenses por las consecuencias del 7 de octubre, la guerra entre Israel y Hamás y el aumento del antisemitismo. El estudio no establece una causa única para cada cambio.
La mayoría tuvo educación judía, pero muchos querían algo mejor
El 88% había recibido algún tipo de educación judía, pero solo el 15% la calificó como excepcional. El 53% dijo que podría haber sido mejor.
El estudio encontró una mayor vinculación con Israel entre quienes tenían educación judía formal o experiencias de viaje a Israel. Es una asociación estadística, no una prueba de causalidad.
Entre las barreras a la participación aparecieron el costo, la falta de tiempo, pocas opciones cercanas, programas percibidos como poco relevantes y preocupaciones por el juicio social o la compatibilidad ideológica.
Lo que pueden aprender las instituciones judías
El hallazgo principal no es que los jóvenes judíos hayan dejado de ser judíos. Es que buena parte de su vida judía puede estar ocurriendo fuera de las instituciones que la comunidad suele contar. El 62% dijo que la experiencia de ser judío en Estados Unidos era importante para su identidad personal y el 84% consideró importante la conexión con la familia.
Para sinagogas, federaciones, educadores y financiadores, esto significa que las cifras de afiliación pueden subestimar la participación real. Familia, amistades, rituales domésticos, costo, pertenencia y espacio para opiniones diversas influyen en dónde eligen participar.
Project Prism es principalmente una fotografía del momento, no un estudio longitudinal. No demuestra dónde estará esta generación dentro de diez años, pero ofrece un mapa más preciso de cómo ya se vive la identidad judía en 2026.