Origen iraní, sin un patrocinador identificado
OpenAI llamó a la campaña Bogus Bylines, en referencia a las firmas falsas. Los operadores escribían instrucciones en persa, generaban contenido en persa e inglés y utilizaban redes VPN para ocultar su ubicación. La empresa bloqueó el grupo de cuentas y compartió información con las autoridades pertinentes.
Según su evaluación, la actividad parecía compatible con un actor comercial que ejecutaba una campaña de influencia por encargo. Sin embargo, no pudo identificar al responsable concreto. El informe no estableció que el Gobierno iraní ni otra institución estatal dirigieran o financiaran la operación.
La referencia a Israel aparece en las solicitudes de comentarios sociales: los usuarios querían presentarlo como un aliado poco fiable de Estados Unidos, mientras retrataban a Washington como agresor y a Irán como una víctima desafiante pero resistente. Eran narrativas solicitadas por la campaña, no conclusiones de OpenAI sobre la guerra.
Borradores adaptados a cada editor
Los operadores pedían a ChatGPT que comparara artículos en inglés con los requisitos de publicación de un medio concreto y recomendara cambios. Tras aprobar las revisiones, solicitaban un correo electrónico para ofrecer el texto al editor correspondiente.
El procedimiento aprovechaba canales editoriales existentes y la credibilidad aparente de colaboradores independientes. OpenAI no afirmó que sus modelos hubieran escrito todos los artículos ni que cada afirmación publicada fuera falsa. El engaño identificado se centraba en las identidades y en la procedencia encubierta del contenido.
Las siete firmas eran Ervin B. Hoskins, Noah Lamington, Sophia Gonzalez, Michael Harrison, Ericka Feusier, Jenny Williams y Alice Johnson. Sus biografías los presentaban como periodistas occidentales, generalmente estadounidenses. En el caso de Harrison, OpenAI observó una solicitud para crear la propia biografía.
Perfiles falsos en canales reales
Algunas identidades tenían cuentas de apoyo en redes sociales. Hoskins se describía como escritor independiente estadounidense, mientras que los datos de transparencia de las plataformas apuntaban a Irán. Esa contradicción formaba parte de las pruebas que la empresa reunió sobre la operación.
Los medios eran pequeños o medianos y cubrían asuntos internacionales, geopolítica y Oriente Medio. El primer artículo localizado apareció en julio de 2025 y el último en octubre de 2026. La frecuencia de publicación aumentó después del inicio del conflicto.
El informe habla tanto de aproximadamente una docena de medios como de más de una docena de publicaciones. El total de casi 100 incluye artículos publicados o sindicados, por lo que no equivale a 100 originales distintos. Algunos medios también difundieron los textos mediante sus propias cuentas sociales.
Elogios coordinados, poca respuesta
En paralelo, los operadores generaban grupos de respuestas en inglés y persa. Algunas elogiaban sus propios artículos después de que los medios los compartieran. OpenAI también encontró solicitudes para producir más de dos docenas de grupos de respuestas hostiles en persa contra Iran International.
La empresa solo localizó una parte de los comentarios generados. Los encontrados solían obtener cifras de uno o dos dígitos de «me gusta», visualizaciones y respuestas. Parte de las reacciones procedía de cuentas vinculadas a la propia operación.
OpenAI situó los comentarios en la Categoría 2 de la escala Breakout, de seis categorías, y la colocación de artículos en la Categoría 4. Esta última refleja una difusión reiterada a través de medios, sin demostrar cuántas personas leyeron los textos o cambiaron de opinión.
Lo que sigue sin conocerse
Los informes internos contabilizaban las visualizaciones de los mensajes originales a los que respondían como indicador de su propio impacto. OpenAI explicó que ese método exageraba la eficacia: no separaba las vistas de sus respuestas de las generadas por la popularidad del mensaje original u otros factores.
Para evaluar operaciones de influencia, la diferencia es esencial. Las identidades engañosas y la publicación están documentadas; un cambio medible en la opinión pública no está demostrado. El informe original no ofrece la lista completa de medios ni una cifra de artículos retirados. El operador, el cliente y la financiación siguen sin identificarse.